A raíz de los diversos comentarios -orales y escritos- que ha suscitado la entrada
"Capitalismo y nacionalismo", intentaré aclarar con ejemplos lo que yo considero nacionalismo "bueno" y "malo", o, más precisamente, "agresivo" y "defensivo", como Swann sugería en el primer comentario a esta entrada.
El lector avispado habrá advertido a raíz de mi anterior entrada que albergo ciertas sospechas de que las protestas que se están dando en Irán han sido ideadas por terceros países de habla inglesa. Dichos países -de ser ciertas estas sospechas- están interfiriendo gravemente en la política nacional de Irán, ya que nadie, salvo las armas y el dinero, les otorga superioridad moral para decirles lo que deben hacer.
¿Qué debería hacer Irán ante esta situación? ¿Abrir sus fronteras a nuevas ideas y culturas? ¿O más bien exigir al mundo que les deje en paz? Pongámonos en su piel: ¿qué pensaría en España un votante del partido A, que acaba de ganar unas elecciones (el partido, no el votante), si el partido B organizara manifestaciones masivas que exigen la repetición de las elecciones con pancartas en
inglés? Siendo bien pensado, pensaría que se sienten con poca fuerza para forzar la situación ellos mismos y están pidiendo ayuda a otros países. Siendo mal pensado, pensaría que esos otros países son los que están orquestando las protestas e incitan a los manifestantes a lucir esas pancartas para que en sus informativos la propaganda política correspondiente sea más efectiva. (Lo triste es que, sea mal o bien pensado el votante, dicha propaganda resulta de hecho más efectiva). En ambos casos hay injerencia de una nación en otra. Yo creo en el derecho de Irán a defenderse con uñas y dientes de esta agresión. Y a esa creencia es lo que yo llamo, y según entendí finalmente, Swann, "nacionalismo defensivo".
Se podría argumentar que si no hubiera naciones, dichas injerencias no tendrían cabida.
Como ejemplo de nacionalismo agresivo, sirve obviamente el sentimiento que sustenta moralmente dichas injerencias, es decir, la idea de que esas naciones de habla inglesa tienen derecho a interferir en los asuntos internos de Irán. Ni que decir tiene que estoy totalmente en contra de dicha idea.
Sin embargo, otro ejemplo me ha llamado recientemente la atención. Se trata de nacionalismo defensivo, pero en este caso no lo apruebo. Citaré un párrafo extraído de la web de
"Libertad e Identidad".A todo ello se añade que, desde hace unos años, junto al alarmante descenso de la natalidad, nuestro país sufre una masiva invasión de gentes extrañas que amenaza con destruir y barrer por completo nuestras mismas señas de identidad, todo aquello que nos hace ser lo que somos. Se trata de un arrollador aluvión de gentes desarraigadas, venidas de los lugares más insospechados, a quienes importan un bledo nuestra historia, nuestra cultura y nuestros valores, y que incluso pretenden imponernos otras concepciones de la vida, contra las cuales ya lucharon nuestros antepasados durante siglos, y para lo cual no dudan en recurrir a la violencia terrorista (como lo demuestra el más grave atentado que haya sufrido nunca el pueblo español). La afluencia indiscriminada y masiva de inmigrantes amenaza con colapsar los servicios sociales y pone en peligro los derechos de los españoles, que en muchas ocasiones se ven relegados para dar preferencia a los recién llegados. Nuestros barrios son cada vez más inseguros. Los individuos que hace unos años se movían en las simas de la marginalidad campan hoy por sus respetos imponiendo una especie ley de la jungla a los españoles de a pie. El trabajo reporta cada vez menos beneficios reales más allá del ir tirando, y todos los que van llegando aspiran a convertirse en nuestros iguales en nuestra misma tierra, la tierra milenaria de nuestros padres y los padres de nuestros padres, por el mero hecho de haber arribado a ella de forma más o menos azarosa. Como, por mala que sea su situación aquí, siempre va a ser mejor que aquella de la que proceden, se contentan con trabajar en cualquier cosa mientras que la gente de aquí se ve obligada a aceptar lo inaceptable y encima nos dicen, no sin cinismo, que “hacen lo que no queremos hacer”. El resultado de todo esto es que cada vez somos menos libres y más esclavos en nuestra propia casa, con la excusa de ciertos problemas que nosotros jamás provocamos.
¿En qué se basan todas las afirmaciones de este repugnante párrafo? Claramente en la idea de que la cultura española es superior a otras y por tanto empeoraría mezclándose con ellas. He dejado bien claro que el nacionalismo que yo defiendo no debe exaltar ninguna nación por encima de otra: es a lo que llamaba "moderación". Y ahora añado que esto no debe hacerse ni siquiera en defensa de la propia nación. Quiero añadir también que, desde mi punto de vista, las supuestas agresiones que denuncia el párrafo, no son tales (salvo, obviamente, el atentado); y no argumentaré este extremo porque pienso que la mayoría de mis lectores estarán de acuerdo.
Las naciones han provocado guerras, colonialismo, terrorismo; sufrimiento, en definitiva. Pero han provocado todo ello porque se han dado nacionalismos agresivos o defensivos que sitúan por encima la propia nación de las demás.
Un mundo sin naciones debería estar gobernado mediante un sistema que no gustará a todos, por bueno que sea.
La verdad, carezco de opinión sobre si, llegado el fin del capitalismo, sería mejor un sistema que otro.